La doctrina de la ignorancia deliberada.

Quien se pone en situación de ignorancia deliberada, sin querer saber aquello que puede y debe saber, está asumiendo y aceptando todas las consecuencias del ilícito actuar en que voluntariamente participa.

En esto consiste, en esencia, la doctrina que nuestra jurisprudencia ha venido a bautizar como de la ignorancia deliberada , emparentada con la doctrina jurisprudencial acerca del dolo eventual y la teoría del asentimiento.

Un ejemplo es la reciente Sentencia 623/2013, de 12 de julio, [ROJ STS 3948/2013] del Tribunal Supremo, donde se declaró no haber lugar al recurso de casación que interpuso el dueño de un jet privado que fue condenado a 13 años de prisión como autor responsable de un delito contra la salud pública porque, al aterrizar en Barcelona, procedente de Buenos Aires, la Guardia Civil inspeccionó el avión y descubrió 800 paquetes ocultos de una sustancia estupefaciente, distribuidos de la siguiente manera: 198 en el sofá-cama lateral izquierdo, 310 en el sofá-cama lateral derecho, 197 en el armario fondo trasero derecha (de fusibles) y 95 en el armario fondo (proyector) todo[s] ellos conteniendo cocaína, con un peso bruto de 944,500 kg. (…) Dicha sustancia estaba destinada a ser transmitida a terceros a título lucrativo, y hubiera alcanzado en el mercado clandestino el valor de 32.116.778 euros, según informe de la Unidad Fiscal y de Seguridad Aeroportuaria de la Guardia Civil. En su descargo, el propietario del avión, como era de esperar, negó tener cualquier conocimiento de que se transportase droga en su aeronave; una situación que –como recuerda esta sentencia– es frecuente en casos similares de trasporte de mercancía ilícita, si bien relativos al hallazgo en automóviles, e incluso en maletas, de sustancias estupefacientes.

También la STS 633/2009, de 10 de junio, nos recuerda que quien se encuentra en una situación que se conoce como ceguera voluntaria (willfull blindness), no está excluido de responsabilidad criminal por la acción ejecutada.

Un ejemplo de todo ello podría ser, si llegase el caso de quedar así demostrado, la posición ignorante y de confianza ciega hacia su marido que ha interpretado -perdón, quise decir adoptado- la Infanta Cristina en su reciente declaración como imputada ante el Juez Castro. Ya se verá.

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